"Aparte de reafirmar mi promesa de ser tu amigo por lo que me queda de vida[...]" dice su carta. No sabíamos que ese tiempo sería muy poco, y nunca supe si realmente me consideró su amiga durante esos años.
A veces, al leer sus cartas, intento concentrarme en el hecho de que ya no está, pero es difícil. En ocasiones la realidad no parece serlo, y las promesas que él hizo, que yo hice y que todos rompimos se ven más como palabras escritas por un desconocido que esperanzas concebidas por nosotros, tan cercanos.
Me gustaría saber qué pensaba él y que pensaban todos de mí y de mis acciones de aquel entonces, sobretodo porque lo que yo pienso de ellas no me reconforta en lo absoluto. Cometí tantos errores y fui tan imbécil como uno sólo puede permitirse durante su adolescencia. Ningún pecado por mi parte, pues, aparte de haber considerado más los sentimientos de algunas personas que los de otras que sí lo merecían.
Recuerdo aquellos días en aquel edificio con esas personas tan queridas y todo parece ser verano de nuevo, pero es otoño y ya no podemos volver, y si volvemos no podemos ser los mismos. Imagino que ya no nos interesa ser los mismos, pero el entusiasmo por volver a ser lo que éramos juntos (aunque sea un rato) sigue ahí.
Bajo esta desagradable luz que provoca la muerte, las cosas pierden todo el sentido. Algunas se vuelven pequeñas y otras inmensas, infinitas, y no se sabe qué hacer.
A veces, al leer sus cartas, intento concentrarme en el hecho de que ya no está, pero es difícil. En ocasiones la realidad no parece serlo, y las promesas que él hizo, que yo hice y que todos rompimos se ven más como palabras escritas por un desconocido que esperanzas concebidas por nosotros, tan cercanos.
Me gustaría saber qué pensaba él y que pensaban todos de mí y de mis acciones de aquel entonces, sobretodo porque lo que yo pienso de ellas no me reconforta en lo absoluto. Cometí tantos errores y fui tan imbécil como uno sólo puede permitirse durante su adolescencia. Ningún pecado por mi parte, pues, aparte de haber considerado más los sentimientos de algunas personas que los de otras que sí lo merecían.
Recuerdo aquellos días en aquel edificio con esas personas tan queridas y todo parece ser verano de nuevo, pero es otoño y ya no podemos volver, y si volvemos no podemos ser los mismos. Imagino que ya no nos interesa ser los mismos, pero el entusiasmo por volver a ser lo que éramos juntos (aunque sea un rato) sigue ahí.
Bajo esta desagradable luz que provoca la muerte, las cosas pierden todo el sentido. Algunas se vuelven pequeñas y otras inmensas, infinitas, y no se sabe qué hacer.
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